18:00 Fabbi Ventura 0 Comments

¿Puedes decir sin dudar, quién eres? Y hablo más allá de dónde naciste o lo que estudiante, quién eres de verdad. Desde la membrana más mínima de tu cuerpo, hasta la energía que hace correr tu sangre por tus venas con pasión. Todo fluye bajo un mismo ritmo que mueve tus acciones hacia un camino, ¿Cuál es tu camino? ¿Por qué hacemos lo que hacemos diariamente? ¿Para qué estamos aquí?

Yo soy creyente de que todos tenemos una misión, por pequeña que parezca, todos somos importante para una suma final de buena acciones. No soy de esas personas beneficiadas, que pueden decir con seguridad quién soy. Porque si bien, he tenido un viaje lleno de aciertos y errores para poder conocerme, aún falta mucho para llegar al final. Además, cómo podemos saber estrictamente quién somos, si constantemente estamos cambiando. Lo que si tengo claro, es que mi identidad se compone de una mezcla heterogénea de cosas que me encantan, sin patrones. 

Mi nombre es Fabiola Alejandra Ventura Araya, si bien lo odié toda mi adolescencia, he podido acostumbrarme y entender que mi nombre, de alguna manera, es parte de mi. Tengo 26 vueltas al sol y soy parte de una maravillosa y caótica familia compuesta por un padre, una madre y un hermano mayor. Todos distintos, de personalidades fuertes y un gusto excesivo por la buena mesa, sí, somos gorditos. 

Parte fundamenta de quién soy, es gracias a mi familia, pequeña pero interesante.
Curiosa, aventurera y amante de los deportes extremos. Deseosa de probar y conocer cosas nuevas, con ese hambre de descubrir el mundo y aprender en el camino. Desde que tengo uso de razón hemos viajado en familia, característica innata de mi vida: Viajar

Otros gustos gustos se fueron formando con el tiempo, el primero y que está tatuado en mi corazón fue el gusto por las artes marciales: Viví 10 años de mi vida practica Kenpo Karate, experiencia que me hizo madurar, aprender y proponerme metas. Tenía 11 años cuando comencé esa línea de mi historia que me llena profundamente. La disciplina, los entrenamientos y todo torneo vivido creó la fuerza que hay en mi para afrontar todo lo que se cruce en mi camino. Porque el kenpo fue más que un crecimiento físico, fue todo mental. 

Etapa de mi vida que hizo una pausa cuando pasé a cinturón café, un grado alto y de mucha responsabilidad para mi disciplina. El camino se desvió, pero sé que es solo una pausa y que en un futuro, llegaré a mi meta: Ser cinturón negro. Lo prometí a mi sensei a penas entré al Dojo y se, que lo lograré.

Estudié en el Instituto Santa María de Antofagasta, fui de esas Humanistas que iban a las Olimpiadas de matemática y se ganaban algunos premios. Scout, CEAL y de Pastoral. Con premios en Lenguaje, Historia y Sicología. Pero ¿De qué me servía todo eso, si no sabía que hacer con mi vida? Salí del colegio sin entender nada de lo que pasaba, sin saber qué era la vida real y que las desiciones que tomara desde ahí en adelante, cambiarían el rumbo de mi vida... y definitivamente lo hicieron. 


Cuando uno tiene 17 años no le toma el peso a las cosas y sin darme cuenta comencé a vivir una avalancha de malas desiciones tanto emocional como en estudios. Entré a estudiar Ingeniería en Sistemas, me cambié luego a Ingeniería comercial y no fue hasta que sentí un peso en mi pecho que me decía que todo estaba mal, que comencé a tomar mi vida por las astas. Terminé una relación que no tenía ni pies ni cabeza, entendiendo que la inteligencia emocional es fundamental para el éxito. Y congelé... 


Me paré frente a mi familia que se compone de tres ingenieros que debían entender que esa no era mi área. Por más amase los números, disfrutase estudiando, no era lo que me llenaba. Fue una lluvia de críticas que se fueron suavizando y aunque nadie me entendía realmente, agradezco al universo que mis padres sean tan tolerantes. 


Comencé a estudiar Diseño gráfico (fue un técnico, pero era gran paso para mi). Ahí ingresé a un mundo nuevo, sentí vibrar mis venas con cada proyecto, cada trabajo, cada noche desvelada valía totalmente la pena. Hice mi práctica en una revista, en donde estalló mi pasión por la fotografía. Gusto que siempre había existido, pero que esta vez, crecía a velocidad inimaginables.


Cuando terminé, lo tenía decidido, estudiaría la mezcla perfecta entre Ingeniería comercial y Diseño: Publicidad.


De forma paralela, dos corrientes de mi vida se iban potenciando. Un lado fue esta, el blog, un medio de comunicación en donde pude conocer a varias chicas, contactar con gente, con marcas y expresarme. Lo más importante era eso, tener mi espacio para contar lo que yo quisieses y ojalá le gustase a un tercero que se encontraba leyendo. Tuve muy lindos resultados exponiendo mis gustos:
Series, moda, maquillaje, eventos y temas personales.
Por otro lado, estaba ese gusto gamer que comenzó con DOOM en 1993. Pero que por obvias razones jugué un par de años más adelante. Fui jugando distintos títulos hasta que por cosas inexplicables del destino, me uní y a un grupo de chicas que transformaríamos en la comunidad femenina gamer más grande de Latinoamérica, LOGLA. Comunidad a la cual le he dedicado mucho tiempo, tiempo que no ha sido en vano. El año pasado tuvimos el reconocimiento de la empresa Riot, quién nos invitó a México por ser una 'comunidad destacada'. En LOGLA tuve que aprender distintos tipos de habilidades como perder el miedo al ridículo y a hablar en público, he tenido que hacer entrevistas y cubrir eventos. Hemos tenido la capacidad de reinventarnos en estros 4 años que llevamos trabajando y tenemos muchos proyectos para el futuro.
Emocionalmente soy una persona estable, tengo amigas desde primero básico que siguen a mi lado y una pareja que amo desde hace 6 años. Me considero una mujer sabe escuchar a lo demás, siempre doy mi opinión pero respeto y tolero distintas posturas. Disfruto de una buena conversación, especialmente si hay puntos de vistas distintos. Soy una persona solitaria, de pocos, pero buenos amigos. No tengo miedo a conversar conmigo misma y definitivamente disfruto del silencio. 
Llegué desde Antofagasta a Santiago para comenzar este nuevo mundo llamado: Publicidad. Han sido cuatro años increíbles, en donde he aprendido a la fuerza muchas cosas, he pasado hambre y he aprovechado de conocer. 

Hoy puedo decir que conozco a esta Fabiola Ventura de Agosto del 2017, que le encanta el área digital, comunicar y organizar eventos. Que sueña con viajar por el mundo capturando momentos específicos con su cámara y que se encuentra ansiosa de entrar al mundo laboral, aunque sabe que vivirá de su emprendimiento. No obstante, no puedo asegurar que conozco a Fabiola Ventura del 2018, porque los sueños van cambiando y espero nunca dejar de luchar por ellos. La vida está llena de cambios, debemos adaptarnos, cambiar ... pero manteniendo la esencia.



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